Japón, la tierra del sol
Dalith Colordo Prutsky | 15/1/2009 | Archivado en Asia, Japon, Kioto, Miscelanea, Monumentos, Naturaleza, Templos, Tokio, actividades |Tienes que exponer todos tus sentidos y fuerzas para visitar este país, dedicarte exclusivamente a esta aventura sin límites y, si es necesario, prepararte para lo que vendrá después. Porque Japón, el país que se encuentra en el continente asiático, es la tierra donde nace el sol, es decir la vida. Japón tiene un rostro montañoso, el Monte Fuji, el más alto del mundo queda en su territorio. Es este país también la historia milenaria de sus hombres confluye con su historia actual de prosperidad e innovación tecnológica enarbolada por sus robots humanoides que hacen el trabajo del hombre.
Al ir al Japón hay que sumergirse en Tokio y disfrutar durante el día de la visita a los templos majestuosos, jardines hermosos, usar el kimono y quitarse los zapatos al ingresar a algún lugar, aprender de sus costumbres, llegar a los mercados y comprar cerámicas japonesas, aromatizantes. Es caminar por las calles y ver a los japoneses ordenando sus mercaderías puntualmente transportarse por la línea ferroviaria más larga del mundo y avanzar a una velocidad impresionante en sus trenes eléctricos. En Tokio por la tarde no hay que perderse la hora del té. Y en sus noches abrirse a la vida en sus mundialmente conocidos karaokes, esos lugares donde la voz de cada hombre y mujer se abren paso entre el gentío que busca pasar la mejor noche de su vida. Tokio es una ciudad iluminada, llena de centros de diversión.
Japón también es la tierra de los animes, de las series televisivas que abarcan una producción incesante. Es visitar “in situ” los lugares donde los dibujantes crean los animes más populares, alguien puede pensar en Naruto o en el anime de culto Evangelión, pues si, aquí nacieron los animes.

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Japón es asistir al Estadio Nacional de Sumo, localizado en Ryogoku, que convoca a miles de espectadores ansiosos de ver a hombres robustos que buscan vencerse al derribarse fuera de una plataforma. Es también visitar al Buda más grande del mundo de 16 metros de altura, en el Templo Todaji, y admirar la veneración que se le tiene. Es visitar Osaka y su castillo que guarda los recuerdos de una época ancestral. Dentro del castillo se puede observar los trajes de samurais íntegros, y aprenderse virtualmente sobre la historia de lo mismo.

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Es asistir a Hiroshima e ingresar a su museo donde la nostalgia por el horror acaecido nos hace repensar en lo mal que el hombre puede obrar. Pero a la vez al salir el contemplar el resurgimiento de la ciudad. Y es que Japón es eso, el renacer. El iniciar una vida con una filosofía distinta.

