Filipinas, un destino para viajeros aguerridos

Emocionado el hombre está acomodado en una pequeña embarcación que ha partido desde una pequeña bahía, adentrándose al mar su emoción crece vestido con la escafandra necesaria para lanzarse al mar y cómo no hacerlo si podrá ver de cerca de un tiburón. Pero un tiburón ballena, vegetariano aunque sorprenda, que habita esta agua con una enormidad que puede llegar hasta los 20  metros y su enorme boca que da la sensación de estar viviendo los últimos segundos de tu vida.  El hombre está en la Bahía de Donsol, en Filipinas. Disfrutando  de un proyecto turístico inusual pero que a el le fascina en cuanto al peligro, porque es un hombre de aventuras.

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Sin embargo, el hombre había llegado primero a Manila, la capital del archipiélago filipino, una ciudad moderna que es el centro desde donde se hacen las visitas a los demás tesoros de Filipinas. Había disfrutado de la infinidad de lugares de diversión, había visitado bares, centros nocturnos, se había dado un paseo por la vieja ciudad Intramuros, amurallada, que son vestigios de la dominación española y la belleza arquitectónica de los siglos XVII y XVIII.  Había llegado hasta el volcán del Lago Taal, dando una rápida vista en un caballo, en este volcán que no duerme perentoriamente y que en cualquier momento puede despertar y es que Filipinas es un país para aquellos hombres de espíritus aguerridos.


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También había visitado islas como Mindoro y Catanduanes, donde habitaban  hermosas playas y arrecifes en las que pudo disfrutar del surf u observar a silueteadas figuras desafiando las olas a pesar del peligro que representaba las fuertes olas marinas, pero como ya se sabe Filipinas es un vértigo dirigido por el sol que baña sus mares a 30 grados centígrados en sus momentos más abrasadores.


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En el archipiélago filipino la alegría de las celebraciones y el encanto de sus mujeres hacen de las fiestas verdaderas ejemplos del poder del disfrute. Celebrar el Año Nuevo en una isla y esperar que los fuegos ratifícales coloreen el cielo, o asistir a la Procesión del Nazareno negro solo unos días después que luego se convertir en un carnaval plagado de color y goce. Y porque no  esperar la semana santa y ver el sentir del pueblo, el verdadero sentir que se explica en las flagelaciones que recuerdan el sufrimiento del hijo de Dios. Filipinas es un destino que desafía el peligro, el visitante por ello es así y busca el vértigo.

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